¿Cuál es tu deseo para el 2009?
Cuando era niño, y pasaban las 12, cerca de la1, odiaba el año nuevo. Toda mi casa se llenaba de gente, entre familiares y desconocidos, empezaban a llegar con sus cajas de cerveza, mi tío pepe encendía la radio y sintonizaba una de esas emisoras donde pasaban pura música bailable sin interrupciones. Yo, en cambio, me quedaba en mi cama, acostado como una cáscara de plátano, con las manos en las orejas para no escuchar el ruido que hacían, hasta que finalmente me quedaba dormido.
Aunque había épocas en las que daban la 1, 2, 3, y no llegaba pero ni el vecino a saludar o la vecina molestosa que siempre llegaba a pedir una tacita de azúcar. Apenas y sonaba el teléfono, plan de 2 de la madrugada, porque de 12 a 2, extrañamente nunca había servicio o estaba congestionado. Eran tiempos aburridos para ellos, mis padres que igual brindaban, pero se iban a dormir temprano. Yo, en cambio, desde las 10 de la noche me gustaba recostarme en el sofá, mirando los ranking, desde las mejores y peores noticias del año y los ranking musicales, era realmente reconfortante pensar que mientras daban las 12 y yo estaba como un estropajo en mi mueble, del otro lado de la pantalla, había gente que hacia la cuenta regresiva con sus copas de champagne en mano, festejaba con fuegos artificiales y brindaban contigo deseándote un feliz año venidero, al menos me hacían sentir menos solo y con ganas de crecer para estar del otro lado.
No recuerdo de niño, haber asistido a alguna fiesta familiar que a veces organizaba alguna tía, más bien recuerdo siempre quedándome solo, como ya dije antes, en mi cama o frente al televisor. Intentando entender porque tanto desparpajo y euforia por embriagarse, años después lo entendería.
Lo que si era tradicional en mi casa, era armar un gigantesco muñeco de aserrín, vestirlo de algún personaje que quisieras quemar – entiéndase por quemar – dejar atrás todo esa mala suerte que ese personaje haya vivido en el año, para que como una ave fénix, resucite y empiece con buen pie el año nuevo. En casa siempre quemábamos a papa o a mi abuelo. Un año recuerdo me quemaron a mi, pero no recuerdo exactamente cuando o si mi suerte cambio ese año.
Para cuando tenia 16 años, una vez acabada la cena, abandonaba mi hogar para encontrarme con mis amigos. Nos emborrachábamos como vikingos en alguna esquina, casa o club, y cantábamos el himno del colegio y la ciudad y nos hacíamos promesas sobre el futuro. Como que siempre estaríamos juntos, nos abrazábamos y brindábamos.
De aquellas épocas, las fiestas de año nuevo que más recuerdo, son dos. La primera la pase en la casa de alguien, y digo alguien, porque no recuerdo como llegamos ahí, apenas conservo imágenes borrosas de estar con mis amigos cercando dos cajas de cerveza y del otro lado de la casa, un grupo de chicas, y una me gustaba. Ya dominado por el alcohol en la cabeza, me imaginaba bailando con ella, besándola, anotando su teléfono, tanto así que busque una servilleta y no se de donde conseguí un lapicero. Debe haber sido tanto mi afán por acercarme que creo que finalmente lo conseguí y digo creo, porque no recuerdo si bailamos, agarramos, o anote su numero, lo único que recuerdo es caminar ya de día recontra ebrio arrastrándome de poste en poste hasta llegar a mi casa. Días después, un amigo me confirmo que me vio besándome a esa chica, yo lo único que recuerdo era el ardor de mis rodillas, espalda, cuello y hombros producto de tantas caídas y mi bolsillo lleno de tinta roja.
La segunda fiesta que recuerdo con entusiasmo, tuvo lugar en un establo, muy conocido en mi ciudad, por organizar en aquellas épocas glamorosas fiestas de año nuevo, recuerdo haber llegado con mis amigos, los de siempre, éramos casi toda la promoción el colegio ahí reunidos, en busca de apareamiento, para cuando la noche se había convertido en día, me vi en medio de una lluvia de piedras, el gracioso de un amigo había provocado una pelea de dimensiones colosales, yo como no me quise quedarme atrás, agarre mis piedras y empecé a lanzarlas sin dirección, para cuando recobre la razón, estaba sentado en un taxi, camino a casa, con dos piedras en mi bolsillo y no sabia porque. Cosas de adolescentes.
También he pasado años nuevos con novias. En campamentos, playas, club sociales, todos muy divertidos y diferentes. Recuerdo con “M”, haber acampado junto con unos amigos en una playa llamada Puemape. Llegamos con un día de anticipación, era mi primer campamento con una chica, lleve parrilla, bolsas de dormir, lámparas y un colchón inflable. Iba a ser nuestra primera noche juntos y no iba a dejar pasar la ocasión de acostarme con ella. Para cuando llego la noche, estaba tan ebrio, que vomite toda la carpa, al siguiente día “M”, se fue a dormir con su amiga a la carpa del costado y yo me quede solo como burro en primavera y el olor a mierda de mis vómitos.
También he pasado noches horripilantes. Solo en un rincón de una fiesta, con un vaso de whisky en la mano, con el corazón estrellado producto de alguna ruptura reciente. Recuerdo como si fuera ayer, aquella fiesta en el Jockey club. Asistí con mis amigos, creo que para intentar contagiarme de sus gracias y payadas, pero sobre todo porque me sentía solo, fue el fin de año mas corto de mi vida, para cuando dieron las 12 y media ya estaba como carreta, dando vueltas por toda la fiesta, hasta que decidí salir, tomar mi taxi y desaparecer. Puto año nuevo, me decía, menos mal que ya acabaste, mientras regresaba mareadito a mi cama.
Para terminar debo decir, que este año aprendí muchas cosas. Aprendí que el trabajo no lo es todo, que muchas veces uno sacrifica el tiempo que puede dedicarle a su novia, pero este no sirve de nada si ella no te da ese soporte y energías para seguir adelante para alcanzar tus sueños.
También aprendí que tener alguien que te cuide, ame, divierta, entregue su corazón, es lo mas valioso, que uno debe aprender a cuidar. Y que se necesita mucho temple y valentía para no caer a las seducciones.
Este año que acaba de esfumarse también conocí el odio y la envidia. Es rico despertar en cierta gente ese sentimiento avinagrado, por lo lograr tener lo que ellos no pueden alcanzar por si solo y disfrutan haciéndote daño. Es parte del equilibrio, no todo puede ser paz y amor y a veces es necesario odiar y que te odien.
Este año confirme que no soy bueno para amar. Conocí una chica francamente extraordinaria, merecedora de un novio menos inmaduro que yo. A prueba de balas, un superman que la pudiera llevar a todos lados sin miedo a caerse. Uno más juicioso y encaminado. Que sea más atento y la haga sentir única. Por eso termine cediendo a las tentaciones del placer más barato y segundero. Termine por perderla y tal vez sea difícil pero no imposible recuperarla.
Esa será mi promesa para este año, aprender a convivir con mis múltiples identidades, a encontrar ese nexo mágico que los une. Y a luchar, por que esa chispa que aun late entre ella y yo, no se apegue. Ignoro el futuro de todo lo que hago, puede sonar un poco presuntuoso, pero se que alcanzare todo lo que me proponga. He comenzado con el pie izquierdo, ¿pero quien es infeliz todo un año? Todo depende de uno mismo y de cómo tome las cosas que le toca enfrentar. Hoy sufrí un accidente mientras estaba en el trabajo, se recrudeció un dolor que tengo en la espalda y con las justas podía caminar, y mientras iba con destino al doctor, me encontré con una gran amiga que en lugar de compadecerme, me dijo: “Ya vez eso te pasa por andar haciendo movimientos adolescentes que a tu edad ya no es recomendable”. Me tomo de la mano, la apoyo en su hombro y me acompaño al doctor. Iba maldiciendo mi suerte y termine sonriendo a su costado.

























